Mensaje: Un poco de bondad y ayuda pueden reconstruir no solo a un muñeco, sino también la amistad entre todos.
Valores: Amistad, empatía, cooperación, solidaridad, respeto, generosidad, cuidado.
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Pibe y Tito, el muñeco de nieve y su fiel petirrojo

En el corazón de un tranquilo bosque cubierto de nieve, se encontraba Pibe, un muñeco de nieve tan alto y redondo que parecía haber sido hecho con el mayor cariño del mundo. Su nariz era una zanahoria recta y brillante, sus ojos de carbón siempre lucían atentos, y en su cuello llevaba una bufanda roja tejida con esmero. Aunque estaba solo la mayor parte del tiempo, nunca se sentía triste, porque Tito, un petirrojo pequeño y vivaracho, era su mejor amigo y compañero inseparable.

Tito siempre volaba cerca de Pibe, asegurándose de que estuviera bien. “No te preocupes, Pibe. Aquí estoy para cuidarte de cualquier cosa,” decía Tito, mientras saltaba de un hombro al otro.

Un día, mientras Tito descansaba en el sombrero de Pibe, escuchó risas traviesas que venían de los árboles. Eran Mara, Lara y Fara, tres ardillas juguetonas que adoraban lanzar bolas de nieve.

“¡Miren a ese muñeco de nieve! ¡Vamos a divertirnos un rato!” dijo Mara, mientras formaba una bola perfecta de nieve entre sus patas.

Las tres comenzaron a lanzar bolas de nieve a Pibe. Aunque el muñeco de nieve no podía moverse, Tito volaba rápidamente alrededor, desviando las bolas con sus alas. “¡Déjenlo en paz!” gritó el petirrojo, pero las ardillas seguían riendo y lanzando.

“¡Tendremos que ser más listas la próxima vez!” dijo Fara antes de desaparecer entre las ramas.

Al día siguiente, mientras Pibe disfrutaba del sol invernal, apareció Finn, un zorro travieso que adoraba hacer travesuras. Con su pelaje anaranjado y su cola esponjosa, Finn se veía adorable, pero también era bastante revoltoso.

“¡Mira qué bonito muñeco de nieve! Sería divertido jugar un poco,” dijo Finn, mientras comenzaba a rascar la nieve a su alrededor. Al hacerlo, salpicó a Pibe con nieve, tierra y algo de lodo.

“¡Oye, para eso!” protestó Tito, tratando de ahuyentar al zorro. Pero Finn, divertido, seguía dando vueltas y salpicando por todos lados.

Finalmente, Tito logró espantar al zorro Finn con un grito más fuerte de lo habitual, pero Pibe quedó cubierto de manchas de lodo y nieve desordenada. El pobre muñeco de nieve se veía cansado y maltrecho.

Esa misma tarde, Julia y Kike, dos niños que vivían cerca del bosque, llegaron corriendo. Habían estado buscando a Pibe desde la última tormenta de nieve.

“¡Oh, no! ¡Mira cómo está Pibe!” dijo Julia, mientras observaba al muñeco casi desintegrado.

“Tenemos que arreglarlo,” dijo Kike con determinación.

Con mucho cuidado, los niños comenzaron a reconstruir a Pibe. Julia moldeó su cuerpo de nuevo, añadiendo más nieve fresca para que se viera tan redondo como antes. Kike buscó nuevos trozos de carbón para sus ojos y una ramita para su boca sonriente.

“Tu bufanda sigue intacta, Pibe. ¡Eso es bueno!” dijo Julia, mientras la ajustaba alrededor de su cuello. Tito observaba desde una rama cercana, trinando felizmente.

Los niños trabajaron con tanto esmero que Pibe quedó como nuevo. Incluso le agregaron un par de botones hechos de piñas para que luciera aún más elegante.

“Ahí tienes, Pibe. ¡Estás mejor que nunca!” exclamó Kike, dando un paso atrás para admirar su trabajo.

Desde ese día, Pibe, Tito, Julia y Kike se volvieron un equipo inseparable. Las ardillas y Finn también aprendieron a disfrutar de Pibe sin causarle problemas. Ahora todos jugaban juntos, lanzándose bolas de nieve amistosamente, siempre teniendo cuidado de no lastimar a nadie, sobre todo a Pibe. Su amistad perduró por los años, creando, cooperando, jugando, pero sobre todo compartiendo risas en el hermoso paisaje invernal.

Moraleja

A veces, un poco de ayuda y bondad pueden reconstruir no solo a un muñeco de nieve, sino también los lazos de amistad entre todos.