| Mensaje: | La codicia y la impaciencia pueden destruir aquello que ya nos daba bienestar; hay que valorar y cuidar lo que se tiene poco a poco. |
| Valores: | Paciencia, gratitud, prudencia, autocontrol |
| Tiempo de lectura: | Aproximadamente 4 minutos |
La gallina de los huevos de oro
Basada en la fábula escrita por Esopo.
Había una vez un campesino que vivía con lo justo. Su casa era pequeña, su tierra apenas daba para comer, y sus manos, curtidas de tanto trabajar, casi nunca conocían el descanso. No era un hombre desdichado, pero sí un hombre que soñaba, noche tras noche, con una vida distinta.
Entre sus pocas posesiones tenía un gallinero con algunas gallinas, ninguna especial… hasta que una mañana, todo cambió.
Al entrar a recoger los huevos, algo brilló entre la paja. El campesino se acercó despacio, casi sin atreverse a tocarlo, y lo levantó con ambas manos: un huevo de oro puro, pesado y reluciente como si el sol mismo se hubiera quedado atrapado dentro de él.
Corrió a mostrárselo a su esposa, incrédulo, con el corazón latiéndole con fuerza. Ninguno de los dos podía explicarse cómo era posible, pero no perdieron tiempo en preguntas: fueron al pueblo y lo vendieron por una suma que jamás habían imaginado tener.
Al día siguiente, con curiosidad y algo de esperanza, el campesino volvió al gallinero. Y allí estaba de nuevo: otro huevo de oro, brillando entre la paja como el anterior.
Así, día tras día, la misma gallina ponía un huevo de oro. Poco a poco, la pobreza que había acompañado a esa familia toda su vida comenzó a desaparecer. Repararon su casa, compraron mejores tierras, comieron sin preocupaciones. La fortuna, que antes parecía un sueño lejano, ahora golpeaba su puerta cada amanecer.
Pero el hombre, que en el pasado se conformaba con poco, empezó a desear más.
—Si esta gallina pone un huevo de oro cada día —pensó una noche, mirando fijamente al animal—, seguramente tiene un tesoro entero guardado dentro de ella. ¿Por qué esperar, huevo a huevo, cuando podría tenerlo todo de una sola vez?
La idea se instaló en su mente y no lo dejó en paz. Cuanto más lo pensaba, más urgente le parecía. Ya no quería esperar al día siguiente. Quería la riqueza completa, ahora mismo, entre sus manos.
Así que, sin escuchar otra voz que la de su propia ambición, tomó a la gallina y, decidido, la abrió.
Buscó el tesoro que imaginaba… pero no encontró nada. Ni oro, ni riquezas escondidas. Solo lo que cualquiera habría encontrado dentro de una gallina común: nada distinto, nada mágico.
El campesino se quedó en silencio, con las manos vacías y el peso de lo que acababa de hacer cayendo sobre él poco a poco. La gallina que le había dado tanto, día tras día, ya no existía. Y con ella, se había ido también la fortuna que aún le quedaba por recibir.
No hubo más huevos de oro. No hubo una segunda oportunidad.
Moraleja
Quien todo lo quiere de una vez, corre el riesgo de perderlo todo. La paciencia y la gratitud construyen fortunas; la codicia, en cambio, las destruye.