| Mensaje: | Todos podemos cambiar si tenemos el valor de enfrentarnos a nosotros mismos y abrirnos al amor y la bondad. |
| Valores: | Coraje, redención, bondad, compasión, valentía, esperanza, empatía, transformación. |
| Tiempo de lectura: | Aproximadamente 7 minutos |
La bruja malvada del Amazonas
En lo más profundo del Amazonas, donde los árboles son tan altos que parecen tocar las nubes y los ríos murmuran secretos muy antiguos, vivía una bruja temida por todos los animales.
Su piel era verde como el musgo húmedo, sus ojos, dos puntos morados que brillaban como piedras mágicas, y su voz chillona parecía el grito de un ave de rapiña. Nadie se atrevía a acercarse a su territorio… porque quien lo hacía, no volvía a salir.
La bruja no tenía amigos. Solo tenía hechizos. Y con ellos, había encantado a los animales de la selva para que le obedecieran. Los usaba como espías, guardianes y trampas vivientes.
Su único compañero era Nero, un cóndor gigante de alas negras como la noche y cuello de colores como un arcoíris furioso.
Una mañana calurosa, Nero volaba sobre la selva cuando vio algo inesperado:
—¡Ama! —gritó, bajando en picada—. ¡Una intrusa! ¡Una niña humana!
La bruja entrecerró los ojos.
—Déjala. Quiero divertirme un poco antes de atraparla… —rió con una voz que hizo temblar a las hojas.
La niña se llamaba Susy. Tenía el cabello largo y castaño, y unos ojos azules que no dejaban de buscar entre la maleza. Llevaba tres días perdida, sin encontrar a sus padres, quienes se habían separado de ella durante una expedición en la selva.
Estaba cansada, con hambre y llena de rasguños, pero no se rendía.
—¡Hola! ¿Alguien puede ayudarme? —gritó cuando vio una silueta extraña entre los árboles… sin saber que era la bruja disfrazada de sombra.
La bruja usó su magia para meterse en el cuerpo de unas pirañas del río. Cuando Susy intentó cruzarlo, los peces comenzaron a saltar y gritar con voces humanas:
—¡Fuera de aquí! ¡Vete! ¡Peligro!
Asustada, Susy retrocedió.
Esa noche, se acurrucó bajo un árbol, temblando. Entonces, una araña venenosa se deslizó hacia ella lentamente. Era la bruja otra vez. Pero justo cuando iba a picarla, una rama crujió y Susy despertó.
—¡No! —gritó, apartándose justo a tiempo.
A la mañana siguiente, mientras buscaba frutos, un caimán negro la acechó desde el río. De nuevo, era la bruja, lista para atraparla con sus fauces. Pero Susy corrió más rápido que nunca y logró escapar.
Y cuando pensaba que no podía pasarle nada peor…
Una enorme anaconda, seguida por varias boas constrictor, descendió de las ramas. Se deslizaron como sogas vivas alrededor de la niña, comenzando a enrollarse con fuerza.
—¡Auxiliooooo! —gritó Susy con todas sus fuerzas.
Y fue entonces cuando el rugido retumbó.
De entre las sombras, apareció un jaguar majestuoso. Su pelaje brillaba como el oro bajo la luz del sol filtrada. Saltó como un rayo, lanzó un zarpazo a la anaconda y mordió las boas. Una por una, las liberó de la magia oscura de la bruja.
El jaguar miró a Susy, se agachó, y con cuidado, la subió sobre su lomo.
—Tranquila, pequeña. Yo te ayudaré —parecía decir con sus ojos brillantes.
Mientras corría velozmente por la selva, el rugido del jaguar se escuchó por todos lados. Los animales, uno a uno, comenzaron a despertar del hechizo.
Las pirañas dejaron de atacar.
La araña bajó tranquila.
El caimán bostezó y volvió al agua.
Los monos aullaron alegres.
Todos se disculparon con Susy. Ya no estaban bajo el control de la bruja.
La bruja, escondida en lo alto de un árbol, sintió cómo su magia comenzaba a desaparecer.
Su piel ya no era verde, sino de un tono cálido.
Sus ojos dejaron de ser morados.
Su voz ya no chillaba… ahora sonaba como un susurro triste.
—¿Qué me está pasando…? —se preguntó, tocando su rostro.
Comprendió que el hechizo más poderoso no lo había roto una varita, sino el coraje y el corazón puro de una niña… y el rugido de un jaguar justo.
El jaguar llevó a Susy hasta una aldea cercana, donde sus padres la buscaban desesperados. Cuando la vieron, corrieron a abrazarla entre lágrimas.
La bruja, en silencio, los miró desde lejos. Por primera vez, no sintió odio, sino deseo de reparar el daño.
Desde ese día, decidió usar su magia para curar animales heridos, proteger árboles y ayudar a los pueblos indígenas de la selva.
Y cuando Susy volvió a visitarla tiempo después, le dijo con una gran sonrisa:
—Siempre se puede cambiar… si uno quiere hacerlo de verdad.
Desde entonces, nadie la llamó más “la bruja malvada del Amazonas”. Ahora todos la conocían como “la guardiana del bosque”.
El jaguar siguió rondando la selva, silencioso y valiente, asegurándose de que el mal no volviera jamás.
Moraleja
Hasta el corazón más oscuro puede cambiar si se llena de amor, valentía y segundas oportunidades. Nunca subestimes el poder de un alma pura… ni el rugido de un buen amigo.