Mensaje: La verdadera amistad, la empatía y la esperanza pueden florecer incluso en los momentos más difíciles, y el amor puede encontrarse en los lugares más inesperados.
Valores: Amistad, empatía, esperanza, resiliencia, amor, solidaridad, gratitud, pertenencia.
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Perros de perrera

En la ruidosa ciudad de Nueva York, en un rincón escondido detrás de un edificio abandonado, se encontraba una perrera llamada “Perroamor”, que era un refugio para perros callejeros y abandonados. A pesar de su apariencia desolada, era un lugar lleno de esperanza, donde los perros encontraban refugio durante ese frío e inhóspito invierno que atravesaba la ciudad.

Un día, llegó un nuevo grupo de perros a la perrera, todos ellos con historias tristes y vidas difíciles. En Perroamor había un perro callejero llamado Max, que vagó por las calles durante años buscando comida y refugio. También estaba Lula, una blanca perrita pomerania que había sido abandonada por su dueño y se sentía perdida, triste y confundida. Y estaba Toby, un cachorro de pug que había sido rescatado de un cruel e informal refugio de animales y estaba ansioso por encontrar un hogar.

A pesar de sus diferencias, los perros pronto se hicieron amigos. Max, con su experiencia en la calle, enseñó a los demás perros a sobrevivir en la perrera con valentía. Lula, con su naturaleza cariñosa y empática, les brindó a todos apoyo emocional y consuelo. Y Toby, con su energía torpe e ingenua, les llenó de alegría, ternura y esperanza.

Los perros pasaron los días jugando juntos, compartiendo sus historias y soñando con encontrar un hogar. Se apoyaron mutuamente en los momentos difíciles y celebraron juntos los pequeños triunfos. Un día, llegó una familia a la perrera en busca de un nuevo perro. Se detuvieron frente a la jaula de Max, Lula y Toby, y los tres perros se pusieron nerviosos y miraron a los humanos con ternura y esperanza. La familia los observó con cariño, y luego se acercaron para acariciarlos.

Max, Lula y Toby se sintieron atraídos por la familia; la familia también se sintió conmovida y atraída por ellos tres. Intentaban decidirse por uno de ellos, el padre quería a Max, la madre a Lula y el hijo a Toby. Los tres perritos se acurrucaron juntos, colocando sus hocicos sobre el perro de al lado, con temor a ser separados de su nueva “manada”, su familia por elección. Temblaban de nervios e ilusión pero también de nostalgia por tener que separarse… Después de un rato, la familia notó el gran vínculo que existía entre ellos, por lo que decidió adoptar a los tres perros.

Los perros estaban emocionados, extasiados y agradecidos, tanto que brincaban y daban volteretas de la ilusión de salir de la perrera; de dejar Perroamor, el lugar donde sin buscarlo, encontraron el amor. Por fin habían encontrado un hogar, un lugar donde serían amados y cuidados como ellos siempre lo merecieron.

Su nueva familia los llevó a casa, donde los esperaban: una cama cómoda, comida deliciosa, calor y mucho amor. Los perros se adaptaron rápidamente a su nueva vida y rutina. Max se convirtió en el guardián de la casa, Lula en la mascota más cariñosa y Toby en el compañero de juegos más divertido para el pequeñín de la casa. Los miembros de la familia, que antes de esto se habían sentido un poco aburridos y tristes por la partida del hermano mayor a la universidad, ahora estaban absolutamente felices, ya que llenaron su hogar de alegría y de vida con los tres canes, y éstos estaban muy agradecidos por tener un hogar.

Y así, los perros que se habían conocido en aquella perrera encontraron el amor y la felicidad que se merecían. Su historia es un recordatorio de que incluso en los lugares más oscuros, siempre hay esperanza y amor por encontrar.