| Mensaje: | Cambiar para bien ocurre con apoyo y amistad, y el equilibrio entre responsabilidad y disfrute mejora la vida. |
| Valores: | Responsabilidad, Amistad, Automejoramiento, Compromiso, Gratitud, Cooperación, Tolerancia |
| Tiempo de lectura: | Aproximadamente 4 minutos |
Caché, el tlacuache despreocupado
En un rincón del bosque vivía Caché, un tlacuache flojo y despreocupado. Dormía de día, dormía de noche, y cuando estaba despierto solo se quejaba de lo cansado que estaba. Su familia, cansada de verlo inútil, le pedía ayuda.
—“¡Caché, ven a recoger frutas!” —decían sus padres.
—“Estoy ocupado soñando” —respondía él desde la rama donde dormitaba.
Harto de regaños, un día se marchó con un saco lleno de migajas. Pero pronto descubrió que vivir solo no era tan fácil: comía mal, se aburría y se volvió amargado.
Buscando sombra, se instaló en un gran árbol. No sabía que allí vivía Cacahuate, un cacomixtle ágil y ordenado. Al verlo dormir en su rama, lo enfrentó indignado. La discusión fue interrumpida por Milla, una ardilla burlona que desde entonces se divertía observando la extraña convivencia entre el flojo y el perfeccionista.
Con el tiempo, Cacahuate intentó ayudarlo:
—“¿Por qué no trabajas por ti mismo?” —le decía.
—“Porque no quiero” —respondía Caché encogiéndose de hombros.
La flojera pronto le pasó factura. Una mañana amaneció tirado de hambre y sed. Cacahuate, compasivo, le compartió sus reservas.
—“Pero esta es la última vez. Entre más te ayudo, más flojo te vuelves.”
Milla, desde arriba, le lanzó una bellota y se burló:
—“¡El que solo quita y nunca da, con el diablo se desquita!”
Ni siquiera la fiesta de cumpleaños de su madre logró moverlo: llegó tarde, cuando todo había terminado, y se ganó el silencio triste de sus padres. Fingió que no le importaba, pero en el fondo se sintió vacío.
Una noche, su descuido casi le cuesta la vida. Dejó su guarida abierta y un zorro entró a cazarlo. Caché solo se salvó porque Cacahuate lo despertó a tiempo.
—“¡No puedes seguir así! Algún día no estaré para ayudarte” —le advirtió con seriedad.
Por primera vez, Caché reflexionó. Entendió que su flojera no solo lo dañaba a él, sino también a quienes lo querían. Con ayuda de Cacahuate aprendió a organizarse, a buscar comida y a valorar a su familia. Y Cacahuate también cambió: descubrió que no todo debía ser perfecto y que a veces era bueno relajarse.
Con los años, Caché regresó a su familia, más responsable y alegre. Presentó a Cacahuate como su amigo, y todos agradecieron al cacomixtle por su influencia. Desde entonces, el tlacuache y el cacomixtle se hicieron inseparables: uno había aprendido a ser constante, y el otro a disfrutar de la vida con calma.
Moraleja
La flojera lleva al abandono, pero con amigos que nos corrigen y apoyan, aprendemos a mejorar. El verdadero equilibrio está en trabajar con responsabilidad y disfrutar con alegría.