Mensaje: La felicidad viene de aceptarnos y valorarnos tal como somos.
Valores: Autoaceptación, autoestima, empatía, alegría, servicio
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Tony, el pequeño pony

En un pequeño establo, vivía un pony llamado Tony. Tony era un pony muy especial, ya que soñaba con ser un caballo. No entendía por qué era más pequeño y no tenía el mismo poder que los caballos. Todo lo que quería era ser igual que ellos.

Un día, Tony vio a un grupo de caballos corriendo por el campo. Eran tan grandes y fuertes, y Tony se sintió pequeño y débil en comparación. Se puso triste, pensó que nunca podría ser como los caballos y se echó a llorar.

Pero entonces, Tony recordó algo que le había dicho su madre: “No importa lo que seas o como seas, siempre puedes ser feliz. Ser feliz es una decisión que elegimos todos los días…” Tony decidió que no necesitaba ser un caballo para ser feliz. Podía ser feliz siendo pequeño. A partir de ese día, Tony comenzó a disfrutar de su vida como pony. Corría por el campo, jugaba con otros animales y comía hierba fresca. Se dio cuenta de que ser un pony era bastante bueno a pesar de todo.

Un día, mientras Tony estaba jugando en el campo, vio a un grupo de niños que se acercaban. Los niños estaban emocionados de ver a Tony y querían montarlo. Tony, que al principio se asustó, quedó encantado de poder ayudar a los niños. Los niños montaron a Tony por el campo, y se rieron y gritaron de alegría. Todos se peleaban por abrazarlo y darle cariños. Tony se sintió feliz de poder hacerlos felices.

Varios caballos que galopaban por ahí se detuvieron para poder ver aquella escena a detalle. Todos ellos miraron a Tony con admiración y orgullo, como si la labor que el pequeño pony estaba haciendo fuera una cosa completamente extraordinaria. El más grande de ellos, un caballo purasangre lo miró fijamente y le guiñó un ojo.

Tony no entendió del todo ese mensaje, pero sonrió como si fuese lo mejor que le hubiera pasado en la vida. Una vieja oveja que pastaba ahí cerca le transmitió lo que el purasangre había querido decir con ese guiño. Explicó que su labor con aquellos niños había hecho que el alfa de los caballos le comunicara que ya era uno más de ellos. Tony preguntó el por qué de ese noble gesto del purasangre, la oveja respondió que el propósito en la vida de un caballo es cabalgar en sintonía con los humanos y que lo más preciado para ellos eran sus hijos, entonces no podría haber más noble labor que cuidar de ellos y hacerlos felices.

Cuando los niños se fueron, Tony se quedó mirando el campo. Se sentía orgulloso de sí mismo y de lo que había logrado. Había hecho felices a los niños, y eso era lo más importante. Se dio cuenta de que no necesitaba ser un caballo para ser feliz pero que sin querer hacerlo, se había convertido en uno de ellos. Aunque no lo fuera físicamente era feliz siendo él mismo tal como era; un pequeño pony con un enorme corazón.

Moraleja

No necesitas parecerte a los grandes para hacer cosas grandes. La verdadera nobleza y grandeza está en servir con el corazón.