Mensaje: La amistad verdadera y la valentía pueden ayudarnos a superar cualquier obstáculo y descubrir nuestro propio poder.
Valores: Amistad, Confianza, Valentía, Curiosidad, Empatía, Perseverancia, Colaboración, Superación.
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Ejote y el país de los dinosaurios

‘Ejote’ era un joven vegetal muy curioso que creció entre una numerosa familia de ejotes verdes y tiernos. Le encantaba explorar su entorno y conocer nuevas cosas.

Un día, mientras acompañaba a su mamá al mercado, se distrajo admirando un puesto lleno de frutas exóticas. Cuando volvió a mirar, su mamá ya no estaba. El bullicio del mercado lo había abrumado y sin desearlo en absoluto se había perdido.

Desorientado y asustado, Ejote comenzó a caminar sin rumbo. Pasó junto a puestos de verduras gigantescas, de especias aromáticas y de frutas dulces y coloridas. Pero nada le parecía familiar.

De repente, se encontró frente a una puerta misteriosa. Intrigado, la empujó y entró, esperando encontrar a su madre y el resto de su familia ahí. Sin embargo se encontró con un lugar completamente diferente: un valle verde y exuberante, lleno de árboles gigantescos y criaturas desconocidas de enormes tamaños.

Ejote se dio cuenta de que había entrado en un mundo mágico. A lo lejos, pudo ver a enormes dinosaurios pastando tranquilamente. Asustado, se escondió detrás de un arbusto. Pero su escondite no duró mucho. Un pequeño gemido lo sacó de su escondite. Era un bebé triceratops, que había perdido a su manada.

Ejote y el pequeño triceratops, al que llamó Tri Tri, entablaron una amistad instantánea. Juntos exploraron el valle, descubriendo un mundo lleno de maravillas y peligros. Tri Tri le mostró a Ejote dónde encontrar comida y agua fresca, y Ejote le enseñó a comunicarse con gestos y sonidos graciosos.

Una noche, mientras observaban las estrellas, Tri Tri le contó a Ejote una antigua leyenda sobre un tesoro escondido que podía hacer que cualquier criatura volara. Ejote, emocionado por la idea de volar y por lo tanto poder volver a casa, decidió ir a buscar el tesoro junto con su nuevo amigo.

Al día siguiente, ambos comenzaron su búsqueda. Explorar un mundo desconocido era emocionante, pero también peligroso.

A medida que avanzaban, Ejote y Tri Tri tuvieron que esquivar a los velocirraptores, que eran unos ladrones muy astutos, y sortear ríos caudalosos y montañas escarpadas.

También, durante el camino se dieron cuenta de que su amistad se hacía cada vez más fuerte. Aprendieron a confiar el uno en el otro y a superar juntos cualquier obstáculo.

Su aventura los llevó a través de un bosque encantado, donde las plantas hablaban y los hongos brillaban en la oscuridad. Los velociraptores, quienes no habían dejado de seguirlos en secreto, al escuchar sobre el tesoro, intentaron robarles el mapa que Tri Tri había encontrado. Pero gracias al ingenio de Ejote y a la astucia de Tri Tri, lograron escapar ilesos.

Finalmente, llegaron a una cueva oscura y húmeda. En su interior, encontraron un enorme mapa tallado en piedra. Pero el mapa estaba incompleto; faltaba una pieza. Los amigos buscaron por todas partes hasta que, por casualidad, Ejote encontró la pieza faltante escondida en una concha de caracol.

Al unir las piezas, descubrieron que el tesoro estaba escondido en la cima de una montaña cercana, custodiado por un dragón dormido. Ejote y Tri Tri escalaron la montaña con dificultad, pero al llegar a la cima, se dieron cuenta de que el dragón era en realidad un pterodáctilo volador anciano y muy amable.

El pterodáctilo les explicó que el tesoro no era un cofre lleno de oro, sino una pluma mágica que podía conceder un deseo. Ejote pidió que le permitiera volar de regreso a casa. El pterodáctilo sonrió y le entregó la pluma. Al tocarla, Ejote sintió una extraña energía recorrer su cuerpo. De repente, le crecieron unas pequeñas alas verdes y pudo elevarse por los aires.

Ejote miró a su amigo Tri Tri detenidamente y le dio las gracias, ya que sin él jamás lo habría logrado. El pequeño triceratops levantó una pata y le guiñó un ojo en señal de complicidad.

Antes de despedirse, el pterodáctilo le dijo a Ejote: “La verdadera riqueza no está en el oro, sino en la amistad y en creer en uno mismo para encontrar los tesoros de la vida”. Ejote comprendió el mensaje y agradeció al pterodáctilo por su ayuda.

Volando por encima del valle, Ejote se sintió libre y feliz. Había aprendido muchas cosas en su aventura: la importancia de la amistad, el valor de la confianza y que incluso un pequeño ejote puede hacer grandes cosas. Al llegar al mercado, fue recibido como un héroe y todos celebraron su regreso.

Fin