Mensaje: La valentía puede expresarse en actos pequeños y amorosos que nos ayudan a superar nuestros miedos.
Valores: Valentía, amor, empatía, cuidado, confianza, autonomía
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Mariposas bajo la cama

A Risha le encantaba dormir con sus papás. Desde que tenía memoria, se acurrucaba entre ellos cada noche, escuchando su respiración y sintiéndose segura. Pero ahora, sus padres le habían preparado con mucho cariño una habitación solo para ella: paredes pintadas de su color favorito, una cama suave con colcha de estrellitas y una lámpara que lanzaba destellos como luciérnagas.

Sin embargo, Risha aún no se sentía lista para dormir allí sola. La habitación estaba hermosa, sí… pero al caer la noche, el silencio le parecía demasiado grande.

Una tarde soleada, su papá la invitó a salir al patio trasero a jugar. La tarde estaba pintada de luz dorada. En el patio trasero del edificio también se encontraba un jardín, las flores se mecían suavemente con la brisa y el aire olía a hierba recién regada. Risha y su papá jugaban a atrapar burbujas que se elevaban como pequeñas lunas transparentes. Entre las flores, revoloteaban mariposas, abejitas y catarinas, cada una ocupada en su propio mundo diminuto.

Pero dos mariposas blancas, con alas tan frágiles como pétalos de jazmín, llamaron especialmente la atención de Risha. Planeaban de flor en flor, probando con su trompa el néctar escondido, calentando sus alas bajo el sol.

—Mira, papi… parecen dos copitos de nieve que no quieren caer —dijo Risha, con los ojos brillantes.

Su padre sonrió, y juntos las observaron.

De pronto, el cielo cambió. El dorado se volvió gris, y el gris se tornó en un negro profundo. Un viento frío sacudió las ramas y las flores empezaron a agitarse nerviosas. El aroma dulce del jardín fue reemplazado por el olor húmedo que anuncia la lluvia.

—Mi cielo, tenemos que entrar —dijo su padre, tomando su mano—. Se viene una tormenta fuerte.

Pero Risha miraba fijamente a las mariposas blancas. Ellas, confundidas, buscaban dónde refugiarse. Se acurrucaron bajo un par de flores, pero las gotas gruesas comenzaron a golpear, y pronto cayó granizo: pequeñas canicas de hielo que rebotaban en la tierra.

—¡Papi, las mariposas! —exclamó Risha con la voz temblorosa—. No tienen dónde ir… se van a lastimar.

—Amor, no podemos salir… nos empaparemos.

Risha lo miró fijamente, con los ojos llenos de urgencia.
—Papá… tú harías lo mismo por mí, ¿verdad? Si yo estuviera ahí, sola y asustada, tú vendrías por mí… aunque lloviera.

Su padre sintió un nudo en la garganta. Sin decir palabra, Risha soltó su mano y corrió hacia el jardín, esquivando las gotas heladas. Las mariposas no se movieron, como si supieran que ella venía a salvarlas.

—¡Risha! —gritó su padre, corriendo tras ella.

El viento les empujaba, la lluvia les empapaba, y el granizo golpeaba con fuerza.

Cuando llegaron a las flores, Risha puso sus manos cuidadosamente alrededor de una de las mariposas, cubriéndola como si fuera un tesoro, la sintió temblar: tan liviana, tan viva, tan frágil. Su padre hizo lo mismo con la otra. Juntos las llevaron hasta la casa, protegiéndolas del inesperado temporal.

Entraron corriendo a casa, con las manos cerradas como un cofre. Dentro, las depositaron con cuidado en una cajita de plástico con pequeños agujeros, flores frescas, una rodajita de naranja y un platito diminuto con agua azucarada.

Risha se quedó mirándolas mientras sus alas, todavía húmedas, se abrían y cerraban despacio.

Esa noche, mientras se secaba el cabello con una toalla, Risha miró su cuarto. La lámpara encendida bañaba todo con una luz tibia. Sobre la mesita, la cajita con las mariposas descansaba, y su padre estaba sentado junto a su cama.

—Papi… creo que hoy voy a dormir aquí. No quiero que se sientan solas.

Él levantó la mirada, sorprendido y emocionado.
—Mi vida… así como tú cuidas a estas mariposas con tanto amor, así te cuido yo a ti. Aunque no esté en este cuarto, estás segura… mi cielo. Siempre estaré cerca, siempre.

Risha sonrió, sintiendo que su corazón latía tranquilo. Puso a las pequeñas mariposas bajo la cama y ella se metió entre sus cobijas y se acostó.

La tormenta afuera golpeaba las ventanas, pero en su cuarto todo era calidez. Risha cerró los ojos, orgullosa y feliz.

A la mañana siguiente, el cielo amaneció limpio, y el jardín brillaba cubierto de gotas como diamantes. Risha abrió la ventana y, con mucho cuidado, dejó salir a las mariposas. Ellas revolotearon juntas, libres, y desaparecieron entre las flores.

En su corazón, Risha sintió que le decían gracias.

Y desde aquella noche, nunca más tuvo miedo de dormir sola.

Moraleja

La valentía no siempre es luchar contra algo grande, a veces es dar un paso pequeño para vencer nuestros temores y descubrir que podemos ser más fuertes de lo que creíamos.