Mensaje: Quien comparte su tiempo y ayuda a los demás siempre encuentra amigos dispuestos a ayudarlo cuando se mete en un buen lío.
Valores: Generosidad, amistad, solidaridad, altruismo, cooperación, compañerismo, gratitud, amabilidad, ingenio.
Tiempo de lectura: Aproximadamente 5 minutos

La jirafa Rafa

Cuento de Xavier Eguiguren

A la jirafa Rafa le encanta compartir todo lo que tiene: su ropa de jirafa, sus cromos de humanos de diferentes colores… Pero lo que más le gusta es dedicar tiempo a los demás: el último minuto antes de dormirse —las jirafas duermen entre 5 y 30 minutos al día—, o los trece millones de minutos que aún le quedan por vivir. Y quiere seguir compartiendo todo ese precioso tiempo con sus amigos para poder ayudarles cuando lo necesiten. Si alguien necesita alcanzar una fruta madura o ver el paisaje desde lo alto, ahí está siempre para ayudar, que es lo que más feliz le hace.

Una mañana, cuando estira su largo cuello para colocar a Carlos, el suricato, sobre la rama más alta de una acacia —e intentar con ello ayudarle a superar su complejo de suricato bajito—, una hoja le roza la nariz.

—¡Atchís! —estornuda tan fuerte, que tres de sus manchas marrones salen disparadas y se quedan pegadas a la única nube que flota en el cielo azul mientras Carlos, por culpa de la onda expansiva, pierde las pestañas y el pelo de la coronilla.

El largo cuello de la jirafa empieza a dar vueltas sobre sí mismo como si fuera de plastilina y queda hecho un lazo igual que un regalo de cumpleaños. El suricato se asoma desde la rama con los ojos abiertos de par en par mientras se toca la calva.

—¡Casi no tienes cuello! —dice.

—¡Oh, no! —responde Rafa mirando hacia abajo por culpa del enredo—. ¡Mi cuello está hecho un tremendo lío!

Carlos baja de la acacia de un salto al ver a su amigo en apuros. —«Tengo que pedir ayuda», piensa. Así que se pone las manos en la boca y grita con todas sus fuerzas:

—¡Auxilio! ¡Socorro! ¡A la jirafa Rafa se le ha enredado el cuello!

Al oír los gritos, se acercan con curiosidad un elefante, dos cebras, tres impalas, dos rinocerontes negros y uno blanco, cinco antílopes, cuatro leones, cuatro leopardos, tres guepardos, cuatro hienas, dos chacales, seis avestruces, dos águilas, tres lagartos, cuatro tortugas, mil moscas, un millón de hormigas, dos millones de termitas y un escarabajo pelotero. Todos se quedan mirando fijamente el nudo. El escarabajo pelotero se ajusta unas gafas y sentencia:

—Este nudo es casi imposible de deshacer. Es el famoso «nudo te-vas-a-quedar-así-hasta-que-a-una-rana-le-salga-pelo». Vamos a tener que operar.

El escarabajo pelotero, como era el único que veía bien de cerca porque tenía gafas, eligió ser el cirujano jefe.

—¡Acostad a Rafa con mucho cuidado y ponedlo de lado! —ordenó—. ¡Las termitas que hagan el cordón sanitario! ¡Necesitamos instrumental y batas quirúrgicas de hojas de palma!

Un rinoceronte blanco controla el pulso del paciente con su cuerno. Las hienas sujetan los extremos del lazo. A la jirafa le entran muchas ganas de volver a estornudar.

—León, canta una nana a ver si consigues anestesiarlo antes de que estornude y arme un estropicio mayor en su cuello —dice el escarabajo.

—Duérmete, Rafa, duérmete ya, que si no te duermes, estornudarás… —canta el león.

Entre el león y una mosca tsé-tsé, experta en sueño, consiguen que la jirafa se quede profundamente dormida.

—Menos mal que no ha llegado a estornudar —dice la mosca.

—¡Elefante, sopla por la oreja de Rafa para inflar el cuello! ¡Hienas, girad en círculos para ver si podéis aflojar el nudo! —ordena el escarabajo cirujano.

El elefante sopla con fuerza y el cuello se infla como una salchicha. Las hienas están consiguiendo deshacer el enredo. ¡Chiqui-chiqui-chiqui!, un lagarto ayuda haciendo cosquillas para relajar los músculos.

—¡Está cediendo! —grita Carlos.

¡PLOP!, el cuello se desenrolla de golpe. Parece un muelle que se estira y se encoge hasta que por fin vuelve a su posición normal: largo y estirado. A la jirafa, de la alegría que le entra, le da la risa saltarina:

—¡Ji, ji, ji! ¡Ja, ja, ja!

¡Todos celebran con saltos y aplausos! Rafa está tan agradecido por tener esos amigos tan buenos, que les dice:

—¡Todos a mi casa a celebrar!

Caminan juntos hasta la bonita casa de la jirafa. Cuando llegan, el anfitrión se sienta en su sillón favorito. Sus amigos le colocan varias almohadas apiladas para que descanse y el escarabajo pelotero le prepara un remedio secreto de hierbas para aliviar los estornudos. Un remedio magistral que desde entonces siempre llevará consigo, por si las moscas tsé-tsé.