Mensaje: La creatividad, la lectura y la escritura siguen siendo mágicas si les damos una nueva oportunidad en medio de la tecnología.
Valores: Creatividad, humildad, redescubrimiento, convivencia, respeto, perdón, empatía.
Tiempo de lectura: Aproximadamente 8 minutos

El Libro, la Libreta y el Lápiz

En una estantería, en la esquina de una pequeña habitación, vivía un gran y sabio libro azul de pasta gruesa y grabado en dorado. Sus hojas tenían el aroma especial del papel viejo, y sus páginas contenían historias fascinantes de dioses, héroes y criaturas míticas de tierras lejanas. Recordaba con nostalgia cómo solía acompañar a los padres de la casa a todas partes, siendo leído con admiración y entusiasmo. Ahora, sin embargo, el libro se sentía olvidado. Sus páginas no se habían abierto en mucho tiempo, y sus historias parecían quedar atrapadas en el olvido.

A su lado, una libreta de pasta roja y un lápiz prácticamente nuevos compartían la misma sensación de abandono. La libreta, con sus páginas en blanco, había sido escrita solo un par de veces para anotar la clave del internet y, desde entonces, había quedado olvidada en el cajón. El lápiz, el más joven de los tres, ni siquiera había sido afilado; nadie había tomado su mano para escribir o dibujar, y la sensación de vacío comenzaba a entristecerlo.

Una tarde, mientras los tres conversaban, el libro decidió acercarse a sus compañeros y compartir sus recuerdos. “Hubo un tiempo en el que me llevaban a todas partes,” contaba con añoranza. “Leí historias de héroes y batallas bajo la luz de la lámpara, y escuchaba la risa de mis dueños al encontrar algo divertido en mis páginas. Vi cómo la familia crecía, cómo los niños aprendían sus primeras palabras conmigo. Pero poco a poco, dejaron de necesitarme.” La libreta y el lápiz escuchaban con nostalgia, deseando ser parte de aquellos momentos de cariño y utilidad.

Mientras ellos recordaban, los niños de la casa parecían no prestarles atención. Preferían pasar su tiempo peleando por usar la tablet, cada uno esperando su turno para jugar o ver videos. Los padres trataban de convencerlos de leer o de escribir, pero los niños siempre respondían con indiferencia, sin despegar la mirada de la pantalla. La tablet, una joven tecnología inmadura y confiada, observaba al libro, la libreta y el lápiz con desdén. “A ustedes ya nadie los necesita,” les decía con arrogancia. “Yo soy el futuro. Pronto, ustedes terminarán en la basura, olvidados por completo.” Las palabras de la tablet les dolían, y los tres comenzaron a pensar que quizá tenía razón.

Un día, en medio de una discusión, los niños, sin querer, tiraron un vaso de leche sobre la tablet. La pantalla se apagó de inmediato, y por más que intentaron limpiarla y encenderla, no lograron hacerla funcionar. La tablet fue enviada a reparar, con la esperanza de que volviera a encenderse. El libro, la libreta y el lápiz, aunque heridos por los comentarios de la tablet, sintieron una mezcla de preocupación y lástima por ella. Los tres deseaban que estuviera bien.

Sin la tablet en casa, los niños se encontraron aburridos, sin nada que hacer. Fue entonces cuando sus ojos se posaron en el libro azul que descansaba en la estantería. Con algo de curiosidad, tomaron el libro y comenzaron a leerlo juntos. Al abrir sus páginas, quedaron cautivados por las historias de dioses y héroes, de criaturas mágicas y lugares increíbles. El libro, al sentir sus manos acariciando sus hojas, se sintió renacer. Página tras página, los niños leían en voz alta, emocionados por descubrir qué ocurriría en la siguiente historia. La libreta y el lápiz, sin embargo, se sentían aún tristes y sin propósito.

Hasta que, de repente, la niña tuvo una idea. Miró la libreta y comenzó a hojear sus páginas en blanco. Luego tomó el lápiz, lo afiló cuidadosamente, y empezó a dibujar a los personajes de las historias que leía en el libro. El lápiz, al sentirse útil por primera vez, se movía con entusiasmo, haciendo cosquillas en las líneas de la libreta, que reía de alegría mientras sus páginas se llenaban de dibujos y trazos. Ambos se sentían finalmente importantes, con un propósito renovado y satisfechos de acompañar a la niña en su creatividad.

Al verlos, el hermano mayor también tomó la libreta y comenzó a escribir sus propias historias, inspirado por las leyendas del libro. Poco a poco, ambos niños redescubrieron la diversión y la creatividad de escribir y dibujar sin necesidad de pantallas. El libro, la libreta y el lápiz se sentían más felices que nunca, viendo a los niños disfrutar de una forma de entretenimiento que hacía tiempo había quedado en el olvido.

Finalmente, la tablet regresó a casa, reparada y funcional. Sin embargo, los padres, al ver lo contentos que estaban sus hijos explorando su creatividad, decidieron asignarles solo media hora al día para usarla. La tablet, algo avergonzada por su actitud anterior, pidió disculpas al libro, a la libreta y al lápiz por haberlos despreciado. Con generosidad, ellos la perdonaron y la incluyeron en su pequeño círculo de amistad. Los niños continuaron leyendo, dibujando y escribiendo, mientras la tablet también era parte de su entretenimiento, aunque en menor medida. Los padres estaban orgullosos de ver a sus hijos explorar la creatividad fuera de la tecnología. A veces, cuando creemos que algo ya no tiene valor, basta con darle una segunda oportunidad para descubrir lo maravilloso y divertido que puede ser.

Fin.