| Mensaje: | La magia de la Navidad vive en la alegría, las tradiciones y el amor que compartimos con los demás. |
| Valores: | Alegría, amistad, trabajo en equipo, celebración, generosidad, amor, sentido del humor. |
| Tiempo de lectura: | Aproximadamente 6 minutos |
La gran fiesta de los elfos en la víspera de Navidad
En el lejano y mágico Polo Norte, donde la nieve nunca deja de brillar y la aurora boreal pinta el cielo cada noche, viven los elfos de Navidad, pequeños ayudantes de Santa Claus.
Aunque todos conocen su trabajo ayudando a Santa a preparar los juguetes, pocos saben lo que hacen los elfos cuando termina su gran misión: ¡celebran la fiesta más divertida del año!
—¡Atención, atención! —gritó Pip, el elfo jefe de ceremonias—. ¡La Gran Fiesta de los Elfos está a punto de comenzar!
Era 24 de diciembre, la noche más importante, pero también la más emocionante para los elfos. Después de meses de trabajo duro fabricando juguetes, empacando regalos y revisando la lista de niños buenos, los elfos finalmente podían relajarse y celebrar sus tradiciones mágicas.
Los preparativos de los elfos
Horas antes de que Santa partiera con su trineo, el Taller de Santa se transformaba. Las herramientas y las cajas de juguetes se guardaban y en su lugar aparecían guirnaldas de luces, montañas de dulces y mesas con chocolate caliente.
—¡Que nadie se quede sin su gorro festivo! —gritó Lila, la elfa encargada de los adornos.
Cada elfo tenía un gorrito especial que brillaba con luz propia. Los más traviesos, como Tris y Tar, escondían campanas en los sombreros de otros para hacerlos sonar cuando menos lo esperaban, causando risas entre todos.
—¡Eso no se hace! —reía Gabi, la elfa más seria, aunque no podía esconder su sonrisa.
La danza del caramelo
Una de las tradiciones favoritas de los elfos era la Danza del Caramelo. En el centro del salón, un enorme árbol de Navidad hecho enteramente de bastones de caramelo se iluminaba, y los elfos comenzaban a bailar a su alrededor.
El piso se llenaba de magia, porque con cada paso, los bastones de caramelo cobraban vida, saltando y girando en el aire.
—¡Cuidado con los caramelos voladores! —gritó un elfo pequeño, mientras un bastón rebotaba en su sombrero.
Pero todos reían y bailaban, creando un espectáculo de luces y risas que hacía brillar el Polo Norte entero.
El concurso de galletas mágicas
—¡Es hora del concurso de galletas mágicas! —anunció Pip.
Los elfos adoraban preparar galletas especiales de Navidad, pero estas no eran galletas comunes: ¡eran galletas con poderes mágicos!
—Yo haré galletas que canten villancicos cuando las muerdes —dijo Lila.
—¡Pues las mías harán que levites un poquito! —contestó Tar, con una sonrisa traviesa.
Pronto, la sala se llenó del olor delicioso a jengibre, canela y chocolate, y las galletas comenzaron a mostrar sus poderes:
- Algunas brillaban como estrellas.
- Otras saltaban del plato y empezaban a bailar.
- ¡Y había galletas que, al comerlas, te daban una risa contagiosa!
Santa Claus pasó por la cocina justo a tiempo para probar una galleta flotante.
—¡Ho, ho, ho! ¡Estas son las mejores galletas que he probado! —dijo Santa, levitando un poquito en el aire.
El momento más mágico: la hora del reloj dorado
Cuando el reloj dorado del salón dio las 12 campanadas, todos los elfos se reunieron alrededor del Gran Libro de los Niños Buenos. Era tradición que los elfos escribieran pequeños deseos para los niños del mundo.
—Yo deseo que todos tengan una Navidad llena de amor —dijo Lila.
—Y yo, que nunca pierdan la alegría de jugar —añadió Pip.
Uno a uno, los elfos escribieron sus deseos en el aire, y estos se convirtieron en pequeñas estrellas doradas que volaron por la chimenea hasta perderse en el cielo.
Santa Claus, ya listo con su trineo y sus renos, entró al salón con su sonrisa característica:
—Gracias, pequeños amigos, por su trabajo y su alegría. ¡Ahora es mi turno de llevar la Navidad al mundo!
Los elfos despidieron a Santa con vítores y aplausos, y desde el Polo Norte vieron cómo su trineo desaparecía entre las nubes, dejando un rastro de luz dorada en el cielo.
La fiesta nunca termina
Aunque Santa se fue, la fiesta de los elfos continuó hasta el amanecer. Bailaron, comieron galletas mágicas y jugaron con juguetes que habían creado ellos mismos. Pero, sobre todo, recordaron que su trabajo era más que fabricar juguetes: era mantener viva la magia de la Navidad en el corazón de todos los niños del mundo.
Y así, cada año, después de que Santa parte, los elfos celebran con risas, luces y magia, asegurándose de que la alegría nunca falte en el Polo Norte.
Moraleja
La verdadera magia de la Navidad no está solo en los regalos, sino en las tradiciones, el amor y la alegría que compartimos con los demás.